agosto 27, 2014

¡TALLER DE ARTES PLÁSTICAS PARA CHICOS!


Me sumerjo de a poco



¿Cómo entrar en un lugar del que intenté alejarme toda la vida? No es fácil aceptar que hay cosas que no van a volver atrás. No es fácil darse cuenta de que pasan los años y uno vive en la misma situación, religiosamente, cada vez que se acerca la fecha.

Mi cuerpo me iba avisando. Quizás titilaba de a poquito, o una simple negación continua. Señales que nunca quise ver y que cuando las tuve en frente me envolvieron tan despacio que me hicieron soltar una carcajada llena de desganas de llorar.

Y qué vergüenza más absurda. -¡No me vean llorar! Decía a gritos mi cabeza, pero mis ojos no podían retener más nada. ¿Será que cuando me acerco a vos vuelvo a ser tan vulnerable?
Porque te fuiste y no. Me dejaste y no. O más bien no te dejé, ¿qué te parece?
A veces creo que sí. Jamás me animé a despedirte.
Y ahora es tarde, o difícil, o no quiero. 

Porque aunque no me guste aceptarlo 
el Sol no dejó de salir esa mañana, 
ni las olas se congelaron, 
ni el tiempo dejó de pasar; y soy yo 
la que hoy está acá.
La que cada mañana al despertar se da cuenta de que pasaron los años y todavía no soltó esa mano para que puedas volar en paz.

Verte


Verte fue como revolver entre la tierra húmeda todas esas cosas que comenzaban a crecer.

Verte fue como partir un piso a la mitad donde, sabemos, abajo está el fuego. Verte fue como encender de nuevo toda esa culpa y ese remordimiento. Egoísmo y mediocridad. 
Y así somos hoy.
Así soy hoy.

Porque el asunto no fue en sí verte sino ver, en tus ojos, que más allá de esa sonrisa había un reproche. Había una lanza esperando a ser lanzada, una bala esperando a ser disparada. Y allí fue donde más dolió.

No el agujero, no la herida, sino la cruz.
El blanco a donde inconsciente –o bien consciente- apuntabas sin culpa. 

Y con razón, como para sentir culpa después de tanto. Como para no tener ganas de clavar el puñal por la espalda y revolver hasta hacer imparable la hemorragia que dejaron tantos actos, tantas idas y vueltas de página.

Nunca fui de mucha ayuda. Realmente casi estoy segura de no poder serlo, porque entre mi buena pero errada voluntad y tu buena pero errada recepción, no hacemos uno. No hacemos medio si bien pudimos habernos complementado. No saciamos las necesidades del otro como hubiésemos querido. 

No pudimos contra todo y yo me dejé desvanecer con la nada.

Y nada. Nada, es lo que queda entre nosotros después de tanto hablar. Caemos, entre risas falsas, en la cuenta de que el vacío más vacío no está en nuestra falta de conversación, sino en lo que quedó en cada uno de nosotros. 

El concepto del otro yace, retorcido y escurrido a más no poder, como trapo que limpió los ojos más cargados, los restos de luz que se fueron volviendo oscuros.

"El día que me quieras"

Escuché a una dama soltar por ahí, como si fuera esperable, como si fuera factible.
El amor hoy en día no se cómo se ve, pero el día que un hombre esté cerca mío de nuevo espero que sea por elección.
Espero que sea inteligente,
pues me he topado con hombres necios, con superficiales, con pobres tontos que no hacían más que desilusionarse conmigo, 
entonces necesitaban recurrir a alguien más. Que sepa qué es lo mejor para él.

Así que cuando acepte al amor de nuevo, quiero a alguien que me quiera.
Que sepa -tenga bien claro- que entre tantas mujeres más bellas, y más sabias, y más claras, mi corazón nos pertenece, así como también el suyo
para hacer uno.

Un hombre que sepa desde el comienzo que me puedo equivocar, que torpezas como las mías hay pocas, y que me balanceo sobre los pies cuando estoy contenta. Que disfrute de mis actividades tanto como yo, pues me hacen lo que soy, me arman día a día. Que ame la música, porque cada vez que nos miremos va a llegar. Y que comprenda los distintos tipos de amor, 
que respete y valore el crecimiento. 
Que sea un hombre ambicioso, siempre que lo guíe el corazón.
Quizás un caballero algo impuntual, para que no tenga que esperarme tanto (ni se enoje cuando tardo en secar el baño).

Espero un compañero que me elija por lo que hay en mí, más allá de lo superficial. El tiempo pasa, el invierno requiere calorías, el verano necesita bailar. No voy a cansarme de repetir que "la primavera me llena de vida, y el otoño me vuelve nostálgica porque estamos en mayo otra vez". Y cada vez que pasen las cuatro estaciones voy a volverme más vieja, y más canosa, 
mis manos van a estar cada vez más arrugadas.

Que acepte el arte como forma de vida. Que adopte la vida como modo de ser.
Que elija estar vivo conmigo,
que vuele en sueños
y -despierto- me ame sin medida.

Que me permita admirarlo, apreciarlo de lejos. 
Que preste su alma a mis trazos, y sepa darse cuenta cuándo cerrar los ojos 
para dejarse invadir por nuestro amor.