agosto 27, 2014

Me sumerjo de a poco



¿Cómo entrar en un lugar del que intenté alejarme toda la vida? No es fácil aceptar que hay cosas que no van a volver atrás. No es fácil darse cuenta de que pasan los años y uno vive en la misma situación, religiosamente, cada vez que se acerca la fecha.

Mi cuerpo me iba avisando. Quizás titilaba de a poquito, o una simple negación continua. Señales que nunca quise ver y que cuando las tuve en frente me envolvieron tan despacio que me hicieron soltar una carcajada llena de desganas de llorar.

Y qué vergüenza más absurda. -¡No me vean llorar! Decía a gritos mi cabeza, pero mis ojos no podían retener más nada. ¿Será que cuando me acerco a vos vuelvo a ser tan vulnerable?
Porque te fuiste y no. Me dejaste y no. O más bien no te dejé, ¿qué te parece?
A veces creo que sí. Jamás me animé a despedirte.
Y ahora es tarde, o difícil, o no quiero. 

Porque aunque no me guste aceptarlo 
el Sol no dejó de salir esa mañana, 
ni las olas se congelaron, 
ni el tiempo dejó de pasar; y soy yo 
la que hoy está acá.
La que cada mañana al despertar se da cuenta de que pasaron los años y todavía no soltó esa mano para que puedas volar en paz.

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